¿Qué dice el informe “La Hora de la Escuela”?

 

2. El proceso de modificación de la jornada escolar

 “… El machaqueo por parte del profesorado puede llegar a no dejar resquicio alguno. Según nuestro proyecto favorito, se debe empezar por repartir una circular a los padres explicando las ventajas de la propuesta. “Hecho este trámite, la comunidad está preparada para recibir información oral. Los argumentos se los hemos enviado por escrito a todos, y, como consecuencia, resulta fácil y cómoda una reunión general de padres. Esta reunión se complementa con reuniones por tutorías que disipan dudas más concretas y finalmente la atención individual disipará las dudas más finas. […] El proyecto e inquietud por la JORNADA CONTINUADA ya está en el Centro.” Obsérvese que en todo caso se piensa en reuniones de padres promovidas y dirigidas por los profesores. De nuevo hay que decir que no debe identificarse a todo el profesorado con esta burda campaña de adoctrinamiento, pero el sólo hecho de que haya podido ser lanzada a los cuatro vientos por un sindicato que representa a una parte no desdeñable del magisterio indica hasta qué punto existe el riesgo de perder los papeles en este asunto…” (p.27)

“La impaciencia del profesorado llevó en muchos sitios a la violación más o menos flagrante de los procedimientos establecidos para la toma de decisiones y de las normas más elementales de la democracia…” (p.31)

“En varios centros de Alcalá de Henares, no obstante contar con el apoyo visible de los padres, siguiendo las indicaciones del inefable proyecto-patrón se realizaron votaciones en las que éstos tenían que firmar la papeleta con su voto, que los alumnos les llevaban y luego traían en mano para entregárselas a los tutores. Ni siquiera el PRI ha tenido que ser objeto de tantos controles, ni a régimen totalitario alguno se le ocurriría la peregrina idea de hacer rubricar el voto.” (p.31-32)

“Juez y parte del principio al fin, los principales evaluadores son también los principales interesados. Hemos de enterarnos por los maestros de que, con esta jornada que ellos tanto desean, los niños se cansan menos, atienden más, están más contentos y rinden mejor, pues no se olvide que ellos son los únicos testigos autorizados de lo que sucede en las aulas y quienes asignan las calificaciones que luego se tomarán como indicadores del rendimiento. Pero, ¿por qué pensar que van a ser objetivos en esas apreciaciones y evaluaciones? En el peor de los casos, puede que se sientan inclinados a ver las cosas mejor de lo que en realidad son, y, en el mejor, que su sola satisfacción con la nueva situación les haga ejercer, sin saberlo, una influencia positiva y benéfica (pero temporal) sobre ella”. (p.106-107)

“En las últimas oleadas, Toledo y Alcalá, los directores que entrevistamos presentan a menudo el proceso como si hubiera sido casi exclusivamente una iniciativa de los padres, poco menos que sorprendiéndoles a ellos. Por ejemplo, un director: “El dato de los padres a favor de la jornada continua me parece que fue más del 80%, como sondeo. Se informó a los profesores de la demanda de los padres, los profesores dijeron que bien, que adelante, en el claustro que lo comentamos, para seguir o no con la demanda… a mano alzada, pues… salvo 3 abstenciones todos eran partidarios de la nueva jornada.” (Obsérvese que, si hacemos caso a este relato angelical, el claustro habría dado paso a la propuesta sin discutirla o sin apenas discutirla: ¿a qué decimos adiós, a la sinceridad del director o a la profesionalidad del claustro?) Más exacto sería decir que, en el mejor de los casos, cada vez que los padres han preguntado a los profesores si el cambio de jornada podría beneficiar o perjudicar a los niños, éstos les han dicho que, según su experiencia y saber, las respuestas eran sí a lo primero y, cuando menos, no a lo segundo.” (p.99)

“Es difícil imaginar un proceso más dañino para la escuela y para las relaciones entre los sectores implicados en su funcionamiento. Donde las autoridades educativas se han resistido a las pretensiones del profesorado o de los padres alineados con él, el funcionamiento de las escuelas se ha visto afectado por movilizaciones interminables y, a menudo, irresponsables. Donde han sido los padres quienes se han opuesto a las pretensiones del profesorado, la convivencia en el seno de la comunidad escolar se ha visto sometida a fuertes tensiones, cuando no ha estallado simplemente por los aires, y sólo ha podido restablecerse la tranquilidad —y no del todo— cuando, finalmente, han cedido y han pasado resignadamente por el aro. Como ya hemos apuntado, cuanto más se ha querido aquilatar el proceso mayor ha sido el coste para la eufemísticamente denominada comunidad educativa.” (p.32) 

 

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