¿Qué dice el informe “La Hora de la Escuela”?

 

5. Las evaluaciones de la jornada continua y la jornada continua experimental

“… La segunda parte es la presunta evaluación de las experiencias anteriores. Aunque, como veremos más adelante, en ningún caso ha habido una evaluación siquiera mínimamente seria de la puesta en práctica de la nueva jornada—sólo una, la de la experiencia gallega, básicamente negativa y por ello mismo ninguneada: volveremos sobre esto—, en todo momento se da por supuesto que, puesto que en ningún caso ha tenido lugar una marcha atrás, eso quiere decir que ha habido una evaluación positiva. El ya mencionado gran proyecto de proyectos afirma sin ambages: “La propuesta de Jornada Continuada o Jornada Única está avalada por la positiva experiencia de muchos países de nuestro entorno europeo y fuera del mismo. […] En España, la Jornada Continuada se ha implantado en muchas provincias y la experiencia en todos los casos es positiva.” (p.26)

“Esta evaluación a priori se combina con la garantía, por lo general, de que en los centros se mantendrá en todo caso abierto el comedor y florecerán las actividades extraescolares, aunque voluntarias. La propuesta, pues, es irresistible: las actividades escolares se realizarán por la mañana en mejores condiciones, el comedor segurá desempeñando sus funciones, sumando así el mismo horario total de custodia, y las actividades extraescolares estarán a disposición de todos, incluso en mayor cantidad y con mejor calidad que antes, pero es decisión de cada uno aprovecharlas o no. El problema es que ni la mejora ni siquiera el no empeoramiento de las actividades escolares están garantizados; los comedores, cuando menos, peligran, y las actividades extraescolares, como veremos, encuentran serias dificultades y suelen entrar en decadencia. Pero todo esto sólo se comprueba después, cuando ya no hay marcha atrás que valga…” (p26)

“Para empezar, cabe dudar si alguien se ha propuesto alguna vez evaluar verdaderamente la experiencia del cambio de jornada. El autor de estas líneas debe confesar que le ha costado mucho tiempo terminar de comprender qué quiere decir experimental en el mundo de la enseñanza primaria. En el ámbito científico se experimenta algo sólo con la extensión necesaria para obtener información suficiente, en condiciones de control lo más exhaustivo posible y procediendo a un análisis intensivo del proceso y de los resultados. Sin embargo, la nueva jornada se generaliza a regiones enteras, no se arbitra ningún control de las otras variables que puedan influir en los resultados que se consideran relevantes y no se somete a observación ni a análisis intensivo alguno. ¿Qué quieren decir, entonces, con el término experimental, cuando ningún centro, entre varios miles ya, ha llegado a la conclusión de que haya ido mal? O se ha descubierto la panacea universal o, en realidad, sólo quería decir esto: si no se derrumba el colegio, es que ha ido bien.” (p.105)

“Juez y parte del principio al fin, los principales evaluadores son también los principales interesados. Hemos de enterarnos por los maestros de que, con esta jornada que ellos tanto desean, los niños se cansan menos, atienden más, están más contentos y rinden mejor, pues no se olvide que ellos son los únicos testigos autorizados de lo que sucede en las aulas y quienes asignan las calificaciones que luego se tomarán como indicadores del rendimiento. Pero, ¿por qué pensar que van a ser objetivos en esas apreciaciones y evaluaciones? En el peor de los casos, puede que se sientan inclinados a ver las cosas mejor de lo que en realidad son, y, en el mejor, que su sola satisfacción con la nueva situación les haga ejercer, sin saberlo, una influencia positiva y benéfica (pero temporal) sobre ella”. (p.106-107)

“En los principales escenarios de implantación de la jornada matinal, Canarias y Andalucía, se planteó desde el primer momento que era experimental y que debería ser evaluada externa e internamente. La evaluación interna, ya se sabe, es la del profesorado y puede presumirse siempre mayoritariamente positiva. Queda la externa, encomendada a la Inspección. En Canarias consistió en una encuesta parca, defectuosamente confeccionada, administrada a los padres en un tono y un contexto intimidatorios que jamás se habrían aceptado en un estudio sociológico. Así rezaba la convocatoria que les fue enviada: “Con el fin de realizar la oportuna valoración de la jornada continua que, con carácter experimental, está funcionando en el Centro, como inspector de zona y siguiendo instrucciones de la Consejería de Educación, cultura y deportes, les convoco a una reunión que tendrá lugar en el centro el día de noviembre, a las ……….. horas. Con el fin de cumplimentar un cuestionario que al efecto se les entregará. Es necesario que vengan provistos del DNI u otro documento que facilite su identificación.” La encuesta se administraba con el director del centro presente. La propia Inspección reconoce su inadecuación y alega no haber tenido nada que ver en su elaboración ni haber podido discutirla, y en su momento ya manifestó que no se sentía capaz de sacar conclusiones respecto de la jornada a partir de eso ni de los datos sobre rendimiento proporcionados por los centros. Aunque se hizo un informe sobre una oleada de evaluaciones de centros, que el autor ha podido manejar, tanto las centrales sindicales como las federaciones de asociaciones de padres manifiestan desconocerlo por no haberlo recibido nunca. En Andalucía sólo recientemente se ha recogido sistemáticamente información, también por la Inspección, sobre la realización de actividades extraescolares por las tardes, pero, de momento, es inaccesible. (p.106-107)

 

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