¿Qué dice el informe “La Hora de la Escuela?

 

3. La convivencia escolar

“Como tantas otras veces, los padres han hecho de carne de cañón en la lucha por una reivindicación en la que los primeros interesados son los profesores. La relación de los padres con los profesores guarda siempre cierta semejanza con el síndrome de Estocolmo. Por un lado, han puesto a sus hijos en sus manos y quieren pensar que no pueden hacer por ellos sino lo mejor de lo mejor. Por otro, no logran evitar la preocupación por la suerte de sus hijos y quisieran poder conocer y controlar en mayor medida lo que sucede en el centro. Sin embargo, el profesorado se ocupa de mantenerlos a raya sin hacer la más mínima concesión, celoso de sus competencias hasta el punto de intentar aguar, en lo posible, las que la ley otorga a los padres y a los órganos colegiados mixtos en que éstos   participan. En consecuencia, cada vez que los profesores reclaman el apoyo de los padres para algo éstos ven en ello una oportunidad de hacer méritos, por decirlo de algún modo, con la esperanza de que, a partir de ahí, serán mejor recibidos…” (p27-28)

“Allá donde los padres se han mostrado desde una hora temprana del lado de la reivindicación de la jornada continua por los profesores, el resultado ha sido una fuerte movilización para vencer las resistencias de la Administración. Una vez que los padres entran en el fragor de la batalla, por cierto, los profesores ya pueden retirarse de la primera línea de fuego. Ellos, simplemente, responden cuando les preguntan —enumerando las múltiples ventajas de la jornada y su falta de inconvenientes, ya que así quieren creerlo y así lo creen—, pero se mantienen en un discreto segundo plano y hasta pueden llegar a sentirse violentados por las manifestaciones más radicales de la movilización de los padres. Este ha sido el caso tanto en Toledo como en Alcalá de Henares, donde la jornada continua pasó a convertirse pronto en una reivindicación de los padres —y, sobre todo, de las madres—, liberando al profesorado del pesado fardo…” (p.28)

“En la mayoría de los casos —y, desde luego, en los de más alcance—, la propuesta del profesorado se ha encontrado con la desconfianza, la resistencia o la oposición abierta de los padres, y entonces se ha empleado a fondo toda la artillería contra los disconformes. Esta es la historia de Andalucía y Canarias, donde las Asociaciones de Padres de Alumnos, y en especial las Federaciones, fueron sometidas al fuego graneado del profesorado y sus sindicatos. En Canarias, las federaciones se convirtieron en el enemigo a batir, en todo caso cuando se opusieron a la jornada e incluso cuando, en una maniobra de retirada, decidieron limitar sus exigencias al procedimiento de toma de decisiones. En Andalucía, donde la resistencia de los padres fue menos, de todas maneras se trató de romper el frente que oponían y, finalmente, se consiguió.” (p.29-30)

“… Las metáforas militares no son gratuitas. “Había que dividir y romper la postura cerrada de las APAs institucionalizadas, y la ruptura empezó por trabajarse a las APAs de la Costa del Sol […]”, escribió como balance el dirigente de un sindicato andaluz. “Es que, claro, te conviertes en enemigo público simplemente si eres presidente de una APA y opinas que la jornada continua es mala, o si dices que hay que debatirlo. Es absurdo”, declaraba la presidente de una federación canaria. El enfrentamiento fue más visible con las federaciones, encabezadas por dirigentes con más experiencia que sus bases y llenos de desconfianza hacia la propuesta de reforma de la jornada. Pero resultó mucho más grave y mucho más dañino en los centros, donde numerosas juntas directivas se vieron acorraladas por el profesorado, desbordadas por sus asociados y, a medio y largo plazo, desbancadas por grupos más proclives al cambio de jornada y más próximos a las direcciones de los centros. En general, cuanto más se resistieron las APAs más se quebraron las relaciones, hasta el punto de llevarlas, en muchos casos, a renunciar a la manifestación y defensa de sus planteamientos con tal de volver a la tranquilidad…” (p.30)

“La paradoja de todo esto reside en que, al intentar establecer procedimientos basados en el quórum y la mayoría cualificada, la Administración, en vez de forzar un debate más amplio y más profundo y de dificultar el cambio de jornada lo que consiguió, básicamente, fue quebrar la convivencia y crispar las relaciones. Cuanto más alto se fijaba el listón de la participación electoral y de la mayoría cualificada, y cuanto más cerca estaban los partidarios de la jornada continua de alcanzarlo, más dura se volvía la pugna por los pocos votos llamados a marcar la diferencia y más enconado se tornaba el enfrentamiento entre los dos bandos. Hubo centros, por supuesto, donde las cosas se hicieron con guante blanco, pero no fueron muchos…” (p.30)

“No se piense, en fin, que la tensión se dio tan sólo entre padres y profesores, pues se extendió al interior de ambos grupos. Entre los padres, más claramente, cuando directores y profesores no lograban el apoyo de los dirigentes de las asociaciones o los representantes en los consejos pero sí el de la mayoría de los padres o, simplemente, el de sectores significativos aunque minoritarios. En general, abundaron las revueltas de los afiliados contra las APAs y, en los sitios donde las APAs apoyaron desde primera hora la nueva jornada, tuvo lugar la revuelta de éstas contra las federaciones. Entre profesores, con una mayor identidad de intereses y una más fuerte necesidad de no quebrar las relaciones —en un ambiente, como el de la escuela, que puede llegar a ser claustrofóbico para ellos— también aparecieron tensiones menores, no obstante: en algunos sitios entre la mayoría del profesorado, partidario de la nueva jornada, y sus tímidos opositores; en otros, entre los dispuestos a utilizar todas las medidas de presión y los más respetuosos de la ley o más amigos del sosiego; en otros más, por último, entre claustros impacientes y direcciones más atentas al procedimiento…” (p.31)

“La impaciencia del profesorado llevó en muchos sitios a la violación más o menos flagrante de los procedimientos establecidos para la toma de decisiones y de las normas más elementales de la democracia…” (p.31)

“… En otro orden de cosas, los profesores aducen en entrevistas y, sobre todo, encuestas que, con la jornada continua ha mejorado la convivencia en el centro, en particular que ha disminuido la agresividad de los niños y son mejores las relaciones con los padres. Lo primero puede ser cierto, simplemente, en la medida en que los alumnos pasan menos tiempo en el centro y, por tanto, hay menos oportunidades para que se produzcan incidentes; o puede ser, simplemente, el efecto aparente de que, terminada su jornada, los profesores ya no saben nada de lo que sucede al mediodía, que, siendo el periodo menos y peor controlado de la jornada escolar, siempre ha sido su hora negra; en fin, no parece desacertado apuntar que esta afirmación es el corolario inevitable de la presentación tremendista que parte del profesorado hacía de las tardes en su campaña por librarse de ellas. Lo segundo resulta algo cínico, ya que no hay razón alguna para que las relaciones profesores- padres mejoren o empeoren con un tipo u otro de jornada… salvo donde habían empeorado gravemente cuando los profesores querían una y los padres otra, por lo cual mejoran cuando éstos ceden —esto es como decir, salvando las distancias, que la química entre el asaltante y el asaltado mejora notablemente cuando éste le entrega la bolsa—. En cuanto a las relaciones entre el profesorado, ya hemos mencionado que sencillamente se apresuran, aunque sí resulta verosímil que estén más satisfechos… por una temporada.” (p.90)

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