Última actualización: 07/04/10 

  

¿Es una buena alternativa implantar la jornada continua de forma experimental? 

Después del primer año, aunque los objetivos de mejora del proyecto no se hayan logrado o que la experiencia no resulte satisfactoria para muchas familias, difícilmente se podrá volver a la jornada partida. Los centros educativos son los responsables del seguimiento de la implantación de la jornada continua, pero la evaluación no se basa en un estudio, sino principalmente en unos cuestionarios para conocer la satisfacción de las familias, de los alumnos y del profesorado con el nuevo modelo. Pero como señalan algunos padres, si la falta de comprensión lectora es uno de los mayores problemas de nuestra Educación, “se puede estar encantado de reducir los desplazamientos al centro, pero no por ello los niños leerán más, ni entenderán mejor lo que leen”. Por otra parte, este procedimiento no garantiza la fiabilidad de las conclusiones de esta evaluación, porque al existir un interés laboral y personal de los docentes para mantener la jornada continua, es posible que no se realice desde un punto de vista objetivo. Finalmente, cualquier propuesta de modificación del horario escolar debe ser aprobada por el Consejo Escolar y el profesorado suele oponerse.

 

 “Los padres y madres deben saber que si optan por el cambio de jornada escolar y con el tiempo perciben que no funciona como esperaban, les será muy difícil por no decir imposible el cambio a la jornada anterior, ya que para este cambio primero, el profesorado se dedica a fondo a fomentar la participación en la votación de los padres y madres y en el caso contrario no lo harían. Tenemos la experiencia en secundaria que aun habiendo muchos padres y madres que no comparten las bondades de la jornada escolar continua, no pueden materialmente volverla atrás. Ante las diferentes posturas de cada familia en particular, dependiendo de las realidades sociales, La Federación Herrikoa, movimiento asociativo de las APYMAS de la escuela pública siempre ha apostado por la jornada partida, al considerar que la enseñanza pública debe ser compensadora de desigualdades y no creadora de discriminaciones…”

  

 “… El mayor rendimiento observado en los centros con jornada partida contrasta con Ias opiniones de los profesores, para quienes el rendimiento se ve favorecido en mayor medida por el modelo de jornada continua. Estudios previos han revelado que el colectivo docente se muestra con claridad a favor de los modelos de jornada continua (Caride, 1992; Sola, 1999), lo que probablemente les lleva a atribuir ventajas a este modelo en todos sus aspectos, incluido el rendimiento escolar. Es posible que estén influyendo en este juicio otras razones perfectamente legítimas, pero más directamente relacionadas con sus intereses y aspiraciones personales y laborales, condiciones de trabajo, etc…”

 

 “… Para empezar, cabe dudar si alguien se ha propuesto alguna vez evaluar verdaderamente la experiencia del cambio de jornada. El autor de estas líneas debe confesar que le ha costado mucho tiempo terminar de comprender qué quiere decir experimental en el mundo de la enseñanza primaria. En el ámbito científico se experimenta algo sólo con la extensión necesaria para obtener información suficiente, en condiciones de control lo más exhaustivo posible y procediendo a un análisis intensivo del proceso y de los resultados. Sin embargo, la nueva jornada se generaliza a regiones enteras, no se arbitra ningún control de las otras variables que puedan influir en los resultados que se consideran relevantes y no se somete a observación ni a análisis intensivo alguno. ¿Qué quieren decir, entonces, con el término experimental, cuando ningún centro, entre varios miles ya, ha llegado a la conclusión de que haya ido mal? O se ha descubierto la panacea universal o, en realidad, sólo quería decir esto: si no se derrumba el colegio, es que ha ido bien…” (p.105)

“… Juez y parte del principio al fin, los principales evaluadores son también los principales interesados. Hemos de enterarnos por los maestros de que, con esta jornada que ellos tanto desean, los niños se cansan menos, atienden más, están más contentos y rinden mejor, pues no se olvide que ellos son los únicos testigos autorizados de lo que sucede en las aulas y quienes asignan las calificaciones que luego se tomarán como indicadores del rendimiento. Pero, ¿por qué pensar que van a ser objetivos en esas apreciaciones y evaluaciones? En el peor de los casos, puede que se sientan inclinados a ver las cosas mejor de lo que en realidad son, y, en el mejor, que su sola satisfacción con la nueva situación les haga ejercer, sin saberlo, una influencia positiva y benéfica (pero temporal) sobre ella…”  (p.106-107)

 

  “… Los partidarios de la jornada continua presentan el dato de que no haya habido ningún centro que haya vuelto de esta jornada a la partida, como prueba irrefutable de satisfacción. Es un argumento más que discutible. El paso de la partida a la matinal cuenta con el beneplácito del profesorado. El posible paso inverso contaría con su oposición frontal. Por otro lado, los padres y madres tienden a amoldarse a la nueva situación. Simplemente quien no esté contento –si es que el entorno y el nivel de renta de cada cual lo permiten– se irá a otro colegio…” 

“… El problema es que ni la mejora ni siquiera el no empeoramiento de las actividades escolares están garantizados; los comedores, cuando menos, peligran, y las actividades extraescolares, como veremos, encuentran serias dificultades y suelen entrar en decadencia. Pero todo esto sólo se comprueba después, cuando ya no hay marcha atrás que valga…”

 

“… En FAPA-Rioja creemos que la jornada continua beneficia a los profesores y a parte de los padres, pero que nadie es capaz de evaluar con rigor los efectos que la concentración del horario lectivo puede tener, tanto en el modelo de escuela pública en general como en nuestros hijos en particular. Los estudios realizados se centran en el grado de satisfacción de padres y profesores, pero no analizan los efectos mismos del cambio en aspectos tan importantes como el rendimiento, la fatiga y el grado de atención o los resultados académicos de alumnos y alumnas…”

 

  • José Antonio Caride Gómez: “El estado de la cuestión” en Cuadernos de Pedagogía, nº 221, p. 68 –  Revista de CEAPA Número 74, 2003 (p.23)

“Hemos podido constatar que la implantación experimental de la jornada única en determinados centros educativos gallegos no conlleva mejoras relevantes en aspectos sustanciales de la calidad institucional de las escuelas ni en la calidad de la enseñanza; no en la medida en que los profesores expresan su satisfacción por esta jornada, y sus supuestos beneficios para el logro de una escuela cualitativamente mejor. Tampoco en otros aspectos para los que expectativas, motivos y realidades hacen visible la distancia que se establece entre lo que se expresa y lo que realmente ocurre. Por ejemplo: en la utilización del tiempo libre por parte de la infancia, las relaciones familiares, el rendimiento académico, la salud infantil, las oportunidades sociales y educativas de todos los alumnos, etc.; con datos en los que se muestran tendencias que debieran inducir más a la preocupación que a la autocomplacencia derivada de las opiniones mayoritarias»  

 

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