¿Qué opinan los expertos?

 Ultima actualización: 20/06/13

 

¿Qué opinan los expertos sobre la jornada continua?

  • Elena Martín Ortega (Doctora en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesora Titular en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid).

“¿Es aconsejable que los alumnos tengan todas las clases de la jornada seguidas, sin un corte de comida y descanso? Hay argumentos claros para contestar que no a estas preguntas. La organización de los tiempos y los ritmos influye siempre en el aprendizaje, pero cuando hablamos de determinadas edades, esto es todavía más importante. Los niños y las niñas de 3 a 11 años necesitan momentos de cambio y ruptura que les permitan descansar y recuperar la atención. Y estos cortes en las actividades lectivas no pueden ser excesivamente breves. La comida es también un elemento necesario. Teniendo en cuenta las horas que pasan entre el desayuno y el momento de la comida, que por desgracia van aumentando sobre todo en zonas donde el desplazamiento al colegio lleva tiempo y en los casos en que los progenitores tienen que irse antes dejando a los niños ya preparados, no es razonable dilatar aún más el horario del comedor. En la mayoría de los sistemas educativos europeos este corte de comida existe, si bien es cierto que no tiene por qué ser tan largo como el que ahora hay en la mayor parte de nuestros centros…”

“Además de estas razones estrechamente ligadas a características básicas del desarrollo, no debemos olvidar otro argumento. En los recreos los alumnos aprenden cosas tan valiosas como en las aulas, como bien saben los profesores. Los espacios de ocio son ámbitos privilegiados para educar en la afectividad, en la interacción social, en las aficiones, en la amistad. Estos recreos deben tener, pues, una duración que permita llevar a cabo juegos y actividades que exigen un mínimo de tiempo. La jornada que puede dar respuesta a estas necesidades no es desde luego la denominada jornada continua. Respetando este equilibrio, se pueden organizar muchos horarios. El problema no es acabar a las cinco o acabar a las tres. El problema es cómo distribuir internamente las actividades para asegurar que estas condiciones se cumplan…”

“Sin duda la polémica tiene más matices de los que en estas líneas se han apuntado y que no es posible recoger en este corto espacio. Pero hay dos que no me resisto a dejar planteados aunque sea como meras preguntas. ¿Podría tener algo que ver en los resultados más favorables que habitualmente obtiene el alumnado de determinadas comunidades autónomas en los estudios de evaluación el hecho de que mantengan una jornada partida, incluso en educación secundaria? Sin pensar por supuesto que éste sea el único factor que explica esta realidad, no deberíamos dejar de valorarlo. Por otra parte, ¿por qué si la jornada continua es tan positiva, la enseñanza privada a la que en muchas ocasiones se asocia, con razón o sin ella, a una educación de calidad no se ha planteado la necesidad de este cambio, y, por el contrario, considera la amplitud y riqueza de su oferta educativa uno de los pilares de sus centros?”

Acabar antes, ¿para qué?”   (Artículo publicado en el periódico El País)

  • Rafael Feito Alonso (Doctor en Sociología por la Universidad Complutense)

“… Por un lado, estamos ante un ejemplo de manual de cómo un grupo profesional –en este caso el magisterio– es capaz de imponer sus puntos de vista corporativos. Por otro lado, el proceso ha derivado en muchos centros en enfrentamientos –entre profesores y familias, y entre familias– y en la negación del diálogo. Todo ello es prueba manifiesta de la falta de madurez de nuestra sociedad civil y de la superficialidad de los hábitos democráticos.

El abuso moral de cierto sector del profesorado.

Hay un dato contundente: casi todo el profesorado es partidario de la jornada continua. Todo grupo laboral desea mejorar sus condiciones. El problema se plantea cuando esta mejora profesional puede redundar en un servicio público de menor calidad. Todos los sindicatos, tanto los de clase como los corporativos, son partidarios de la jornada continuada.

En mi experiencia como conferenciante invitado a más de una decena de centros de la Comunidad Autónoma de Madrid he sido testigo del modo en que cierto sector del profesorado ha hecho gala de un claro abuso de autoridad moral. Con esto me refiero a hechos como los siguientes:

* Consultas previas, para sondear a los padres y a las madres, en las que se les pide su opinión –favorable o desfavorable– sobre la jornada continua. En la hoja de consulta se dice que está demostrado que es mejor esta jornada que la partida. En estas condiciones no resulta extraño que en torno al 70% de los padres diga preferir la jornada única.

* En la mayor parte de los centros a los que he acudido me he encontrado con que yo era el único ponente –y hablo de mesas que, en algunos casos estaban constituidas por ocho ponentes– contrario a la generalización de la jornada continua.

* Negación de todo tipo de validez a las escasas investigaciones científicas sobre el tema so pretexto de que el único que sabe sobre la cuestión es el profesional (“la ciencia soy yo”).

Además, en algunas votaciones se han producido abusos como el que se relata en el informe de Fernández Enguita. “En varios centros de Alcalá de Henares, no obstante contar con el apoyo visible de los padres, siguiendo las indicaciones del inefable proyecto-patrón [se refiere al de cierto sindicato corporativo] se realizaron votaciones en las que éstos tenían que firmar la papeleta con su voto, que los alumnos les llevaban y luego traían en mano para entregárselas a los tutores. Ni siquiera el PRI ha tenido que ser objeto de tantos controles, ni a régimen totalitario alguno se le ocurriría la peregrina idea de hacer rubricar el voto” (Fernández Enguita, 2000).

Debe quedar bien claro que la reivindicación de la jornada matinal nada tiene que ver con la innovación educativa. Aparece a partir de ciertos elementos contingentes: centros rurales sin comedor, centros con dobles turnos –especialmente en Secundaria y últimos años de la antigua EGB–, la sequía en Andalucía, obras que aconsejan terminar antes, etcétera (…)

“Tiempos escolares. El debate sobre la jornada escolar continua y partida” (Publicado en Cuadernos de Pedagogía nº365)

 

  • Mariano Fernández Enguita  (Catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca y director del Departamento de Sociología y Comunicación en la Universidad de Salamanca. Es autor de numerosos libros y artículos en revistas académicas, y de un informe sobre la jornada continua para la Comunidad de Madrid)

“Yo creo que la mejor jornada para los niños, la que corresponde a lo que biológica y psicológicamente es un niño, es la partida. Es la jornada que responde a sus ritmos naturales: espacios cortos de trabajo, descansos… Además, tiene que ver con lo que sabemos de los biorritmos: las peores horas del día, en términos de rendimiento, son las últimas de la mañana. Lo que ocurre es que ésa no es la única consideración. Para mí, el gran error es que con la enorme diversidad de niños que hay, la enorme diversidad de estructuras familiares y de ofertas paralelas o no a la escuela que hay, se pretenda discutir cuál es la mejor solución para todo el mundo. Eso, si pensamos en los padres. Si pensamos en los profesores, es simplemente una reivindicación sindical, que a mí me parece comprensible, pero ilegítima: no se pueden hacer avanzar las propias reivindicaciones laborales sobre supuestas teorías pedagógicas inexistentes.” (Entrevista publicada en La Nueva España)

“… No hay un solo estudio que concluya que la jornada continua produce mejores resultados en el rendimiento de los escolares que la jornada partida» y añadió que «hay unas cuantas investigaciones que sí demuestran lo contrario aunque no sean suficientes para decantarse por una u otra». No obstante, sí indicó que la jornada matinal aumenta la fatiga de los alumnos… “

“Las intrigas sobre la jornada son un punto negro de la escuela y un baldón de la profesión, dicho en breve. La mayoría de los profesores no tienen ni idea de qué jornada es mejor (excepto para ellos, claro): contradicen la poca evidencia científica que hay, invocan fuentes inexistentes o que no conocen, prometen evaluaciones y revisiones que nunca se harán, ofrecen proyectos que no se cumplen y, lo que es peor, extorsionan lentamente a los padres, y podría presentarte datos sobre esto, de antes y después de aquella investigación, hasta cansarte. Algunos equipos directivos y profesores han abordado el asunto con guante blanco, lo que les honra, pero han sido franca minoría.” (Entrevista publicada en Escuela)

“… El profesor inició su ponencia hablando sobre cronobiología, un apartado en el que afirmó con ayuda de un estudio francés que una de las peores horas es en torno a las 13,40 y agregó que «la hora de después de comer no es peor que la de antes de comer si la ingesta ha sido frugal». Seguidamente, analizó algunas de las afirmaciones extendidas que desde su punto de vista son erróneas en relación con la concentración horaria. «No es verdad que en la mayoría de los países de Europa esté implantada aunque reconoció que allí el periodo de mediodía es más corto y las comidas más ligeras. A continuación, realizó un balance sobre la jornada intensiva en aquellos centros en los que está funcionando (Canarias, Andalucía y Extremadura principalmente). «Los profesores siempre la ven positiva, las familias se adaptan, la mayoría de los investigadores somos desfavorables y los inspectores no han evaluado los resultados en el rendimiento de los escolares», explicó. Además, añadió que las actividades extraescolares desaparecen progresivamente de los centros…” (Diario de Burgos.es – “Enguita: Ningún estudio concluye que la jornada continua sea mejor”)

“… en las comunidades que han llevado la jornada continua “los centros no cumplen el programa de actividades extraescolares, han suprimido los comedores y los niños terminan frente a la televisión, como ocurre en Canarias” . (Las Provincias.es – “Los expertos contradicen a los profesores y rechazan las ventajas de dar clases sólo por la mañana”)

  • José Gimeno Sacristán  (Catedrático de Didáctica de la Universitat de Valencia)

“No hay ninguna relación entre el tiempo y el rendimiento escolar -señala Gimeno- y si la hay favorece ligeramente, pero de manera significativa y constante, a la jornada partida” (…)

“… Los maestros van a dejar de ser un grupo social de referencia en la medida en qué sólo se preocupan de sus propios intereses” afirma. “Todo el mundo sabe -continua Gimeno- que tras la idea de hacer coincidir la jornada laboral de los maestros con la jornada escolar de los niños, lo único que hay son ventajas laborales para los maestros”.

“Si de lo que se trata  es de encontrar mejoras laborales hay otras formas pero, desde luego, no se puede hacer pasar por un debate educativo lo que es un debate corporativo” concluye. La sociedad percibe – según Gimeno- que lo que más preocupa a los docentes es la jubilación anticipada y la reducción de la jornada.” (…)

“Gimeno Sacristán se muestra totalmente contrario al argumento que vincula la jornada continua con la autonomía de cada centro: “Se ha establecido en el discurso público la idea de que el horario del profesorado son las horas lectivas y lo demás es un regalo que hace al centro -afirma Gimeno- cuando la realidad no es así. La sociedad le paga al profesorado por 35 horas de trabajo y en esas cabe todo: horario escolar, extraescolar, etc”. “El argumento de la autonomía de los centros es engañoso -continúa- porque aquí lo que hay que pedir es responsabilidades, más que autonomía. Autonomía para intensificar el trabajo, para organizar más apoyos para introducir innovaciones en la escuela, pero no para irse” afirma Gimeno Sacristán…” (“Ni padres ni maestros han de decidir sobre la jornada” – Entrevista publicada en la Revista ESCUELA)

  • José Antonio Caride Gómez y Pablo Ángel Meira Cartea (Profesores del Departamento de Teoría e Historia de la Educación. Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago de Compostela)

“… Ante esta tendencia, extraña que persistan reclamaciones corporativas (y hasta de “clase”) que propugnen la unificación de las modalidades de jornada, horario o calendario. Un claro ejemplo de este comportamiento “anacrónico” en España es la reivindicación de la jornada única de mañana realizada por determinados sectores del profesorado en la enseñanza pública, en sintonía con las demandadas de determinados colectivos sociales. Volviendo a argumentos que hemos reiterado en distintas ocasiones, es preciso aclarar que no existe un modelo de jornada ideal o, si se quiere, que el modelo de jornada ideal es aquel que mejor responde a las necesidades de la comunidad educativa a la que presta sus servicios un centro escolar. La idea previa de que la “jornada única” permite la homologación con Europa es falsa, no sólo porque los datos de Eurydice muestran que hay casi tantas modalidades de jornada como países, e incluso que conviven varias tipologías dentro de un mismo país, sino, y sobre todo, porque la jornada escolar ha de considerar otros factores (climáticos, sociales, culturales, históricos, etc.) que impiden su homologación sin más…” (“Viejos y nuevos tiempos”  – Cuadernos de Pedagogía nº349, p.51-52)

    • José Antonio Caride Gómez 

“Hemos podido constatar que la implantación experimental de la jornada única en determinados centros educativos gallegos no conlleva mejoras relevantes en aspectos sustanciales de la calidad institucional de las escuelas ni en la calidad de la enseñanza; no en la medida en que los profesores expresan su satisfacción por esta jornada, y sus supuestos beneficios para el logro de una escuela cualitativamente mejor. Tampoco en otros aspectos para los que expectativas, motivos y realidades hacen visible la distancia que se establece entre lo que se expresa y lo que realmente ocurre. Por ejemplo: en la utilización del tiempo libre por parte de la infancia, las relaciones familiares, el rendimiento académico, la salud infantil, las oportunidades sociales y educativas de todos los alumnos, etc.; con datos en los que se muestran tendencias que debieran inducir más a la preocupación que a la autocomplacencia derivada de las opiniones mayoritarias»  (“El estado de la cuestión” en Cuadernos de Pedagogía, nº 221, p. 68 -  Revista de CEAPA Número 74, 2003 (p.23)

  • Carme Morán de Castro (Profesora del departamento de Teoría da Educación de la Universidad de Santiago y autora de una tesis en que analiza las jornadas escolares)

“Los estudios realizados desde las áreas de ciencias de la educación, desde la cronobiología o desde la sociología confirman que los resultados académicos no dependen exclusivamente de esta unidad cronológica, y que tampoco se confirma una mayor participación del profesorado en actividades de formación como consecuencia de la modificación de la modalidad de jornada.”

“Expertos niegan que la jornada escolar matutina mejore las condiciones de vida de los alumnos” – La Voz de Galicia.

  • Juan Carlos González Faraco (Universidad de Huelva). Durante el último coloquio anual de la  AFAE  (Association Française des Administrateurs de l’Education), presentó la reforma sobre los ritmos escolares en España:

“… El sistema educativo español pasó de una jornada partida a una jornada continua o concentrada. Podemos considerar esta reforma desde un punto de vista negativo: ritmos de aprendizaje diferentes, falta de comunicación en el seno de los equipos (menos tiempo para la concertación), aumento de las desigualdades (durante el tiempo libre), relaciones padres-equipos pedagógicos más difíciles (inadecuación con los tiempos sociales y familiares)…”  (Traducido del francés por Grupo Jornada Escolar)

Temps scolaire, différenciation, individualisation : des échos de l’étranger”  de Annie Feyant (publicado en inpr.fr.) INPR – Institut National de Recherche Pédgogique (fragmento del artículo que se refiere a la situación en España).

  •  Doctor Gonzalo Pin (Jefe de la Unidad de Sueño de Valencia)

“A primera hora es cuando más alumnos somnolientos hay, y con mayor dificultad de concentración, un estado que mejora al final de la mañana y durante la tarde, lo que puede orientar hacia cómo se debería organizar el calendario escolar”. Pide retrasar una hora la entrada al centro, como ya han hecho en Alemania y EE.UU., y recomienda programar actividades físicas a primera hora para que desaparezca la melatonina, que favorece el sueño, y aparezca la adrenalina.” (“El reloj de los alumnos” (A. Castillo)

  • Vicente Díaz Rodríguez  (Inspector de Educación)

“… Desde otro punto de vista, las modificaciones del tiempo escolar de los alumnos repercuten, también, en el tiempo escolar de los profesores, en el de las escuelas y en el de las familias. Así es que, llevemos mucho cuidado con las legítimas reivindicaciones de modificar el tiempo de los profesores, si ello implica abordar dudosas y costosas reformas del tiempo de los alumnos, del tiempo de las escuelas y del tiempo de las familias…

… La confusión a la que vengo refiriéndome adquiere matices engañosos cuando el tipo de jornada escolar se quiere asociar al rendimiento de los alumnos. Al respecto, un destacado dirigente del sindicato mayoritario decía recientemente, “no existe en Europa ni en todo el Estado español un solo estudio científico que sitúe la variable de jornada como determinante en el resultado académico” (…) ¿no estaremos sobrevalorando la jornada escolar, cuando, por sí sola, interviene poco en los resultados educativos? Y, si interviene poco en el rendimiento escolar, ¿para qué modificarla?… (“Tres reflexiones a propósito de la jornada escolar”  (Artículo publicado en diarioinformación.com - El periódico de la provincia de Alicante) 

  • Isabel Ridao García y Javier Gil Flores (Profesores del Departamento DOE y MIDE de la Universidad de Sevilla)

“…Al hilo de estas conclusiones, cabe hacer alguna reflexión sobre el rendimiento y los modelos de jornada adoptados en los centros. El mayor rendimiento observado en los centros con jornada partida contrasta con Ias opiniones de los profesores, para quienes el rendimiento se ve favorecido en mayor medida por el modelo de jornada continua. Estudios previos han revelado que el colectivo docente se muestra con claridad a favor de los modelos de jornada continua (Caride, 1992; Sola, 1999), lo que probablemente les lleva a atribuir ventajas a este modelo en todos sus aspectos, incluido el rendimiento escolar. Es posible que estén influyendo en este juicio otras razones perfectamente legítimas, pero más directamente relacionadas con sus intereses y aspiraciones personales y laborales, condiciones de trabajo, etc.

Asumiendo la posibilidad de una percepción subjetiva de los profesores al valorar en qué medida la jornada continua favorece el rendimiento de los alumnos, podríamos considerar, no obstante, otra serie de indicadores de acuerdo con los cuales el modelo de jornada continua merecería mejor valoración que el de jornada partida. Los partidarios de la jornada continua aducen una mayor racionalización del horario del alumno, mayor posibilidad de utilización del tiempo libre, menor número de desplazamientos al centro, instalaciones del centro disponibles para el uso de la comunidad, mayor racionalización en el horario del profesorado, mejora de las relaciones familiares, etc. Todos estos argumentos aparecen en los estudios evaluativos realizados sobre !a jornada escolar, reforzando la valoración positiva del modelo de jornada continua. Pero si consideramos, de acuerdo con las evidencias encontradas en el presente trabajo, que el rendimiento constituye un importante punto débil de la jornada continua, parece necesaria una reflexión sobre qué razones han de pesar más a la hora de elegir o proponer un modelo de jornada…” (“La jornada escolar y el rendimiento de los alumnos” - Revista de Educación nº327 )

  • Juan Jiménez Castillo (Doctor en Ciencias de la Educación)

“… Respecto a la segunda, la jornada continua, porque estamos en una comunidad autónoma con unos de los mayores índices de fracaso y de abandono escolar de todo el Estado y, precisamente, en régimen de jornada continua en un 86,5% de los colegios de educación infantil/primaria y en torno al 100% en los institutos de enseñanza secundaria. ¿No hubieran merecido estos dos temas un análisis pormenorizado en el propio Dictamen? Por lo pronto nos quedamos con el sabor agridulce de saber que otras comunidades con una mayor eficacia educativa de sus sistemas escolares aplican la jornada partida incluso en los centros de secundaria. Y como muestra un botón: el País Vasco, donde la ESO en el 95% de los centros se imparte en jornada partida y en Cataluña, donde impera, en el 100% de los centros, la jornada mixta de dos tardes lectivas a la semana. La cuestión del tipo de jornada escolar no es de importancia neutra para el acontecer escolar pues, con independencia de su relación con el fracaso escolar, (véase el estudio del profesor José Antonio Caride en el que muestra que existe entre un 10 y 20% más de fracaso escolar en los centros con este tipo de jornada continua), la existencia de jornada continua o solo de mañanas activa otras consecuencias que el propio Dictamen, en otro orden de cosas, recoge como recomendaciones: por un lado, la referida a cal reorganitzar la dedicació dels professors, para posibilitar asesoría a los padres, reuniones y coordinaciones diversas…, consideración de difícil aplicación o que no podrá llevarse a cabo en condiciones de jornada continua, no en balde, el horario de jornada mixta de dos tardes lectivas a la semana, que aplican en Cataluña, es el que previeron los padres de la LOGSE para una adecuada organización y funcionamiento de la ESO y que, por razones corporativas, no se ha aplicado en la mayoría de las Comunidades Autónomas. Por otro, su significación respecto a una de las preocupaciones del Dictamen, esto es, la tendència cap a la dualització del sistema educatiu. Al contemplar una red de centros concertados que, año tras años, ve aumentada la demanda de plazas escolares y una red pública que observa impertérrita el “trasvase de ciertos sectores sociales de pública a la privada” (R. Feito, 2007). Cabe señalar, aunque resulte reiterativo, que los centros concertados poseen, en una proporción de casi el 100%, una jornada de mañana y tarde y que son muchos los autores que ven en este tipo de jornada partida una de las explicaciones de ese trasvase de sectores sociales hacia los centros concertados…” (“Una ocasión perdida” – Diario de Mallorca.es)

    •  Joan Domènech y Jesús Viñas

 

“… Justamente en este aspecto y en su complejidad se basa la falta de congruencia de muchas de las decisiones que se toman. Esta decisión debería realizarse siempre con el pensamiento centrado en la finalidad educativa de los centros y por tanto respecto a los alumnos y alumnas, y por el contrario se tienen en cuenta las demandas del profesorado respecto a su horario, o necesidades relacionadas con los horarios de padres y madres…”  (“La organización del espacio y del tiempo en el centro educativo”  (p.81)

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